lunes, 14 de julio de 2014

¿Cómo defender a alguien culpable?

La abogacía lleva diariamente a situaciones complejas en que sentimientos y raciocinio se entremezclan con la propia profesionalidad de las partes. Como en muchos ámbitos de la vida, la habilidad para desarrollar este campo vendrá determinada en parte por la formación o práctica en casos reales, y por otro lado de la propia capacidad de aprendizaje y talento innato de la persona. Un máster en abogacía permite obtener las horas de práctica necesarias para entender cualquier tipo de situación, pero sin la capacidad intelectual para leer cada oportunidad y las herramientas para ello, no se podrá llegar al máximo de las posibilidades personales como abogado.

Ahora bien, en toda carrera laboral dentro de la abogacía, existirán momentos como los que introducíamos en las primeras líneas del artículo y que llevarán al límite las capacidades de cada abogado.
Defender una causa justa es el ideal de muchos, pero lo cierto es que en cada juicio hay un prisma opuesto para según qué lado de la sala pongamos la atención. Es cierto que el mundo no son blancos y negros salvo en muy pocas situaciones concretas, los grises mueven los hilos del derecho, y en ese equilibrio conviven los abogados.

El gran dilema surge al defender una causa perdida, una persona culpable que atiende al juicio para conocer su castigo y no para poner a debate su inocencia. ¿Hasta qué punto se deben castigar sus acciones? ¿En qué mesura? ¿Cómo defender una situación así? ¿Ganar a nivel profesional podría significar perder a nivel humano?

La ética laboral y las emociones se entremezclan en un torrente de alternativas e involucrados del que difícilmente se puede salir con un argumento irrebatible. Y es que como muchas veces sucede, el juicio en estos casos traspasa a los afectados de forma directa, llegando a instaurarse en el seno de las familias y círculos más próximos que un vínculo directo o indirecto con el caso. Defender algo en lo que no se cree por profesionalidad es algo complejo y que solo la experiencia y un abogado curtido puede proporcionar.
El mundo de la abogacía será un desafío constante para quienes la practiquen así que la pregunta que surge es evidente: ¿estás preparado y motivado para asumir este reto?


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